Axum and its Surroundings

axumLas ruinas de la antigua ciudad de Aksum se encuentran cerca de la frontera norte de Etiopía. Fue la capital del poderoso reino axumita desde el siglo III a. de C. hasta el siglo XV y aún hoy es el centro espiritual del cristianismo ortodoxo etíope. Las ruinas, marcan la ubicación del corazón de la antigua Etiopía, cuando el Reino de Aksum fue el estado más poderoso entre el Imperio Romano de Oriente y Persia: obeliscos monolíticos, estelas gigantescas, tumbas reales y ruinas de antiguos castillos son prueba de ello.

Mucho tiempo después de su decadencia política en el siglo X, los emperadores etíopes continuaron con la tradición de ser coronados en Aksum.

Alrededor del segundo milenio antes de Cristo y hasta el siglo IV después de Cristo el flujo migratorio era una constante en la región etíope. Los inmigrantes procedían en su mayoría de la región del oeste de Yemen. Las condiciones en sus países de origen eran probablemente tan duras que la única forma de escapar era por una ruta directa a través del Mar Rojo en Eritrea. En el siglo IV, Axum ya estaba en su punto álgido de poder, extendiéndose desde el actual Yemen hasta el este de Sudán, controlando las rutas de comercio entre África y Asia.

Según el mito, la historia etíope comenzó con la reina de Saba, diez siglos antes de la venida de Cristo al mundo. La soberana  que dominaba extensos territorios y asentaba el centro de su poder en Etiopía, oyó hablar del sabio monarca Salomón que reinaba en Israel y viajó hasta Jerusalén para conocerle, quedando tan impresionada que se convirtió a la religión judía. Cuando decidió volver, Salomón la sedujo mediante un ingenioso truco y la reina etíope quedó embarazada. Ya en su país dio a luz un hijo a quien llamó Menelik, que a los veinte años viajó a Jerusalén para conocer a su padre y de regreso se trajo a Etiopía el Arca de la Alianza, donde se guardaban las Tablas de la Ley, entregadas por Dios a Moisés en el monte Sinaí, proclamando al etíope “pueblo elegido” por Dios para custodiarlas por siempre. Y allí siguen, según afirman los más fervientes defensores de la leyenda, en un templo de Axum, concretamente en un anexo a la iglesia de Santa María de Zion, sin que nadie pueda verlas salvo su guardián. Éste, antes de morir, transmite su mandato a otro de los monjes y así de generación en generación.

La iglesia de Santa María de Zion, es el mayor centro de peregrinación de Etiopía.  La parte antigua es un edificio anexo construido en el siglo XVII por el emperador Fasilidas, la parte nueva, mucho más moderna, fue construida por el emperador Haile Selassie  e inaugurada en 1965.

En el interior hay unas pinturas muy bonitas del artista Loret Afork Tekle. Son dibujos minimalistas en los que el color está siempre por encima de la técnica para ayudar a visualizar lo que se quiere transmitir, de tal manera que los  analfabetos puedan leer en las paredes lo que no pueden leer en los textos.

Entre los objetos antiguos se conserva  un magnífico libro sagrado con hermosas pinturas, escrito en gue’ez .

En los orígenes de la historia de Etiopía, se sucedieron dinastías diversas y todas se proclamaron descendientes directas de Salomón y la reina de Saba perpetuando una monarquía feudal.

En las afueras de la ciudad, se encuentran las ruinas del  Palacio de la Reina de Saba, que fueron descubiertas debajo de las cosechas de unos campos.

Camino a las ruinas del palacio se encuentran los Baños de la Reina de Saba, un embalse de agua inmenso excavado en la roca, que se convierte en el punto central de la ceremonia anual de la Epifanía ycada 19 de enero, una procesión lleva una réplica del Arca hasta orillas del embalse.

Cercano a la ciudad de Axum, en una cabaña, que bien podría pasar desapercibida, se guarda la piedra más antigua que describe las victorias del rey Ezana. Está escrita  en  tres idiomas: griego, sabeo y gue’ez.

La encontraron unos campesinos, en 1972, mientras hacían sus cosechas.

Es de obligada visita el Parque Arqueológico de Estelas, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La construcción de las estelas se atribuye a distintos reyes etíopes y comparten espacio con tumbas y mausoleos, aunque no se sabe a ciencia cierta si su significado es conmemorativo o religioso.

Los aksumitas dejaron de construir estelas cuando abandonaron el culto a sus dioses paganos y adoptaron el cristianismo, pero estas colosales placas de piedra aún son un recuerdo del poder de Aksum, un reino que forjó un país.

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El obelisco que vemos sobresalir en el recinto, mide  20 m de altura y tiene 1.700 años de antigüedad. Está tallado con perfección y decorado con dos puertas falsas en la base y ventanas en todos sus lados y señala una tumba real.

El ejército italiano, a finales de 1935, lo trasladó a Italia como trofeo de guerra del régimen fascista y a pesar de que en 1947, con la firma del Tratado de Paz, el gobierno italiano se comprometió a devolverlo, la repatriación no se consiguió hasta el año 2005, después de cuatro años de duro trabajo.

Pero el obelisco más grande está caído justo a la entrada del recinto. Alcanza 33 metros de altura y alrededor de 500 toneladas de peso, lo que lo convierte en el mayor del mundo realizado en una sola pieza. La piedra fue extraída entre los siglos III o IV de una cantera situada a 5km, transportada por hombres y elefantes y luego tallada. Se cree que cayó mientras lo izaban y así lo dejaron.

Debajo del obelisco caído se encuentra una cripta con seis cámaras funerarias vacías y frente a ellas hay unas cavidades donde se depositaban los tesoros de los fallecidos.

En el Museo Arqueológico podremos disfrutar de la exposición de monedas, cerámicas, abalorios, herramientas… hallados en  las excavaciones.

A unos 3km de la ciudad se pueden visitar las ruinas de un antiguo palacio (s.VI d. C.) perteneciente al rey  Kaleb y  a su hijo Gebre Meskel. Unas escaleras de piedra conducen a un gran número de galerías y compartimentos subterráneos con sus tumbas y varias cajas en piedra vaciada que contienen en su interior los cofres donde se supone que en su día guardaban grandes riquezas en oro, perlas y otras piedras y metales preciosos.

Los muros de las tumbas están hechos sin argamasa, ensamblando las piedras.

Desde este recinto, se puede ver el campo de batalla de Adúa, donde en 1896, el ejército colonial italiano fue derrotado por el pueblo etíope, recordándose con gran orgullo.